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FIA: el exclusivo espacio del arte

La exposición de obras que emana maestría

Con una vivencia plena de los colores, son recibidas las personas que llegan al recinto ferial del hotel Tamanaco InterContinental; esta vez, para ser espectadores de las obras que son expuestas por treinta y tres galerías dispuestas desde este 15 y hasta el 20 de junio en el salón. La cámara de cromosaturación, una de las mayores obras de arte del artista venezolano Carlos Cruz-Diez da la bienvenida a quienes participarán en la XX edición de la Feria Iberoamericana del Arte (FIA).



Personas jóvenes y mayores ingresan al salón en el cual se exponen, inmediatamente después de la cámara de cromosaturación, cuadros de diversos artistas, una escultura en el medio de la sala la divide en dos. Más adelante, está el lobby donde todos los asistentes de detienen para proceder a comprar sus entradas. 


Una vez entregadas las entradas, los concurrentes se adentran en una de las experiencias más esperadas del año, y es que la FIA es un espacio en el que los exponentes de las artes visuales han presentado sus obras, por más de veinte años. Allí, las personas conocen más de cerca a los artistas, los investigadores observan los ejemplares y los inversionistas se dedican a comprar.


Afiche
Al bajar unas escaleras, se encuentran varios stands de diversas fundaciones que aprovechan la oportunidad para darlas a conocer y obtener fondos a través de la venta de diversos artículos. Una señora camina hacia el puesto de venta de una de las instituciones más importantes de Venezuela: Senos Ayuda, comienza a ver las camisas que están vendiendo y se dispone a comprar algunas. La fundación hizo una alianza con diversos diseñadores quienes intervinieron las piezas con sus diseños.

Al pasar los stands los asistentes comienzan a caminar entre las obras de arte llevadas por los expositores: cuadros, afiches, fotografías, esculturas y adornos que son vendidos en la exhibición. Entre las más cotizadas se encuentran las de los diseñadores: Jacobo Borges, Manolo Valdés, Jesús Soto, Luisa Ritcher y Cruz-Diez, de este último se pueden ver piezas durante todo el recorrido del salón. En uno de los puestos tienen una mini cámara de cromosaturación del artista, un señor se acerca y pregunta el precio de la misma, el vendedor, muy amablemente, responde: “Tiene un valor de cincuenta y cinco mil dólares”.

Los precios de las piezas oscilan entre los mil y cien mil dólares, las personas compran las de sus artistas preferidos en un ambiente lleno de un inconfundible olor a arte; las obras sugieren la habilidad, el ingenio, la creatividad, el talento y la capacidad de los protagonistas de esta feria.

Los individuos van y vienen por toda la sala, deteniéndose a observar cada cuadro, adentrándose en cada escultura y admirando cada fotografía, hablando entre sí y con los representantes de las galerías, quienes les dan la información correspondiente de la obra solicitada.

Una señora le dice a su compañera: “Esperaré con ansias la feria del año que viene, quiero volver a vivir esta experiencia”. El día finaliza y las personas abandonan el recinto pero con la complacencia de haber presenciado el producto del ingenio de los más destacados artistas del mercado internacional.

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